Tu única función verdadera en la vida es besarme

Tu actividad primordial es registrarme los bolsillos

desnudarme frente al espejo

peinarme el pelo

lavarme las rodillas

Descubrir todas las rutas

desde mi boca

hasta el sud.

Tu papel en la vida es nombrarme

de forma incansable

nombrarme Embajador

Asfixia

Rojo

Y brillar.

No puede existir otra cosa

más que dormir sobre mi vientre

que es un mar encrespado

del que saltan los peces

justo a la hora del naufragio.

Nuestra única tarea es el asombro

el plan es la excepción.

Vendrán tus ojos a asustarme de noche

para que los encuentre

y tiemble

Interrumpiran el sueño

me sacarán de la cama

agarrándome las manos

vendrán tus ojos a estremecerme la vida

y yo rezaré las oraciones

confesaré los pecados

dibujaré una cruz de ceniza

sobre mi frente

.

.

vendrán tus ojos

y me comerán los gusanos.

Yo me empeño en leer:

Hay una dispoición a creer que nos vamos a morir

Y lo curioso es que la frase que leo tiene para mí mucho más sentido que la original, tiene lucidez mientras que la primera es obvia y aburrida.

Infiero:

Cuando leo mal, leo mejor. 

La carne busca la carne.
Y es verdad.
La carne está ahí, sentada, arrugándose, corroyéndose en su propia tragedia de carne sola.
La carne es la que llora, sobre la carne apretamos nuestros dedos de carne.
El dolor es sólo de la carne.
De la carne es la cicatriz, y el temblor, la erección y el espasmo.
Qué nos duele si no es esa carne que llora a llanto y a grito.
Que llora a escalpelos
y a contrabajos
que llora de día. Toda la noche.
Es la carne, a la que no le basta la carne.

Se tomó una muestra de tejido cardiaco

se depositó sobre el cristal

se observó bajo la lente

del microscopio

su corazón

estaba hecho de pluma negra

peces abisales

y batalla.

Yo siempre estuve allí cuando te llegaba el dolor

me quedé a tu lado

sonreí

te sostuve

como si no pesaras nada

como si no supiese

que te ibas a morir.

Me quedé todas las noches

y no lloré ni una

a tu lado yo era fuerte

en tu habitación yo era fuerte.

Después salía,

cruzaba la puerta

y enfermaba.

Tú no lo sabías

porque cada noche volvía a tu cama

traía la cena, las medicinas

y te contaba todas las cosas que no me pasaban

porque estaba enferma

porque estaba llorando

porque estaba sentada

porque no podía hablar

porque me costaba respirar

porque yo también estaba enferma en una cama

y nadie vino a verme.

Ahora, justo ahora, vamos a empezar a hablar.

Cuando se nos han endurecido los huesos,

se nos han secado las cicatrices.

Hemos olvidado el sabor del barro y del jarabe.

Ya no manchamos los libros.

No señalamos con el dedo.

Se nos han caido todos los dientes.

No necesitamos taponar la nariz con una bola de algodón

y sabemos el nombre de las enfermedades

no escondemos las medicinas en las macetas

ni las piedras en los bolsillos

Ya no lloramos las inyecciones

Nadie nos desenreda el pelo a tirones

Ahora sabemos cuántos días tiene cada mes

cuánto cuesta el periódico

sabemos cuántos muertos en India

usamos siglas

y fechas

carteras para llevar el dinero

y llegamos a las aspirinas.

Ahora sabemos cuánto daño hacemos

pero no nos importa

Tenemos ego, estrés y melancolía

No somos ni inocentes.Ni crueles.

Ahora vamos a empezar a hablar ¿Para qué?

¿Qué íbamos a querer contar?

No empieza con mi boca entreabierta

ni con el primer gemido

que me cuelga

de un labio y que cae

muy lento

hasta tu voz

cuando me llamas.

No empieza

no

tampoco

cuando sonrío

y de pie

me quito la ropa para ti con

las piernas un poco abiertas

el corazón un poco abierto

y los ojos

cerrados.

No lo empieza el quitarte la corbata, o aflojarse los puños

de la camisa

de las heridas

de los días

No lo empieza la sábana enredada

sino la sabana

erizada

de respiración y aliento

en los cocuyos

y los itipes

No lo empieza la tierra

sino el barro

cuando te acercas

y caes en mis tobillos

y los besas sin rozarlos y me miras

desde abajo y en ese momento sé

que estás desnudo.

Y entonces empieza el giro

y mi respiración

se vuelve cuerda animal

y percusión indígena

y te araño la ropa

y la piel

y los tuétanos

y la culpa

y te libero

de lo parco y las esposas

a mordiscos en tus hombros

ritualizo una vida

en la que andamos enredados como bestias

fieras

sin nombre que se agarran

se desatan

ya no en la fiebre

nunca más

sino siendo la fiebre que asola al mundo

la enfermedad terrible

te lleno de heridas y saliva

mi pelo serpentea en tu espalda

preñado de desgarros y de alimento

vengo a pastar en tu cuerpo

a anidar en tu sexo

a violar tus entrañas de fuego

de volcanes

Explotar con mis manos

tus ojos

minas de carbón salvaje.

constelaciones de piedra

algas

sangre

aguijones

Todo esto sólo terminará en la muerte

muerte a dientes

y a cuchillo

No a esperas, o remilgos

No a escrúpulos

que otros inventaron y nosotros no soñamos.

Muerte dulce

precisa muerte

dibujada en el aire como una gacela

de noche, rotunda,

en la que despertar entre tus brazos

recien nacida

sarna

aceite

y hambre

No puedo evitarlo, me duerme la selva en las costillas,

no despiertes a los animales.

Este año quiero:

Paz de espíritu.

Una docena de viales de antrax.

Gracias. Con cualquiera de los dos me vale.

P.D: He sido ejemplar.

Nunca nadie me nombró.